Washington (CNN) – Un político que realmente hace lo que dice que haría parece casi imposible de encontrar en Washington, un lugar de promesas incumplidas. Para Donald Trump, ser un presidente dadivoso es crucial, ya que es una de las claves de oro en la conexión con sus seguidores.

La necesidad de estar a la par de esa imagen ayuda a explicar por qué Donald Trump, con una presión cada vez mayor por la investigación de los nexos con Rusia, reconoció a Jerusalén como la capital de Israel. Ello, pese a los riesgos totalmente reconocidos.

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Este miércoles, Trump reconoció a Jerusalén como la capital de Israel, desatando la furia internacional, y prometió trasladar la embajada de Estados Unidos allí desde Tel Aviv, un paso que sus antecesores inmediatos consideraron demasiado arriesgado.

“Cuando comencé en el cargo prometí ver los retos del mundo con ojos abiertos y unas ideas muy frescas”, dijo Trump en las primeras palabras de un discurso que describe un cambio brusco en la política de Israel.

Donald Trump declara su decisión de reconocer a Jerusalén como capital de Israel.

También ha cumplido con su promesa conceptual más amplia de ser una fuerza disruptiva en Washington y en todo el mundo. Los enemigos estadounidenses ahora carecen de la comodidad de un adversario predecible, al igual que los adversarios nacionales y sus aliados.

Hasta ahora, el presidente no ha pagado un precio tangible por cumplir con sus promesas más controvertidas. Pero asume grandes riesgos, sobre todo a nivel internacional.

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Washington aún tiene que saber si la reacción violenta entre sus aliados sobre la última declaración de Trump lo dejará en deuda. De todos modos, los partidarios de Trump, aquellos que creen en su concepto de “America first” (‘Estados Unidos primero’) se preocupan poco de que el presidente irrite a los amigos del país en todo el mundo.

Como Donald Trump  prometió, ha trabajado para renegociar el TLCAN, se retiró del acuerdo comercial propuesto de la Asociación Transpacífico, dejó el pacto climático de París, revisó el acuerdo nuclear de Irán e introdujo una prohibición de viajar para los residentes de algunas naciones musulmanas mayoritarias, mientras adoptaba otras políticas radicales de inmigración.

Trump prometió presidir el crecimiento económico y elevar el mercado bursátil. El producto interno bruto se expandió 3,3% en el tercer trimestre, un máximo de tres años, y el Dow simplemente superó los 24.000 puntos.

El mensaje de la Casa Blanca es que Trump está cumpliendo su promesa de cambiar las cosas.

“Si bien los presidentes anteriores hicieron de esto una gran promesa de campaña, no cumplieron. Hoy estoy cumpliendo”, ha dicho Donald Trump.

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Pero las cosas rara vez son tan simples en la presidencia. Hay una razón por la cual Donald Trump estaba abriendo camino en Jerusalén: presidentes anteriores juzgaron que el capital político que podían ganar con algo así no se justificaba por los riesgos que implicaba. Ello incluía la posibilidad de incitar a la violencia en Medio Oriente o de ofender a los palestinos al minimizar las conversaciones de paz sobre Jerusalén, una ciudad que también consideran su futura capital.

La integridad de los estadounidenses en el extranjero, objetivos fáciles en cualquier reacción violenta en el Medio Oriente, también pesa sobre las conciencias presidenciales. Trump decidió arriesgar pese a todo ello.

Los críticos también podrían señalar que la lista de promesas de Trump guardada es incompleta y políticamente conveniente.

Ha tendido a honrar promesas cercanas a su credo populista o para complacer a electorados claves como los evangélicos y donantes ricos, incluido el magnate de casinos Sheldon Adelson, quienes tenían un gran interés en Jerusalén.

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Pero Trump olfateó algunas de sus promesas más complejas. Apenas entregó un seguro de salud “para todos” como dijo que haría. El plan de impuestos republicano, según varios estudios independientes, reduce el acceso a la atención médica y ayuda a los amigos ricos de Trump más que a sus partidarios de la clase trabajadora.

También prometió endurecerse con China en el comercio. Pero eso no se ha hecho realidad, porque busca el apoyo chino en la crisis nuclear de Corea del Norte.

La prudencia de Trump en mantener las promesas, incluida su decisión de controlar el acuerdo con Irán (se negó a certificar el cumplimiento de Irán en octubre), promueve una prohibición de viajar que estigmatiza a los musulmanes y su desafío al consenso mundial sobre el cambio climático puede reflejar fuerzas políticas más profundas.

La nube de la investigación de Rusia es cada vez más negra, mientras que su índice de aprobación llega a 35%. Y hasta que se apruebe la ley de impuestos del Partido Republicano, tiene pocos logros legislativos. Eso quiere decir que Trump nunca ha necesitado más a sus seguidores.

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Todo eso puede explicar por qué estaba dispuesto a aceptar los riesgos de su decisión sobre Jerusalén, que podría sofocar la campaña de paz israelí-palestina de su gobierno, unir a los aliados de Estados Unidos en Europa y Medio Oriente y desencadenar extremismo o represalias contra ciudadanos e intereses de Estados Unidos.

Sacadas estas cuentas, su movimiento parece menos un gran gesto de un raro político que mantiene las promesas y más un acto cínico de cálculo político.

Fuente: Cnnenespanol.com